Cambiar no siempre es fácil. Aunque sabemos que es parte natural de la vida, muchas veces lo evitamos, lo postergamos o incluso lo tememos. Y es que, como seres humanos, estamos en una tensión constante: por un lado, buscamos estabilidad y seguridad; por el otro, sentimos la necesidad de movernos, crecer y transformarnos. Somos seres dinámicos. Estamos en permanente cambio, aunque no siempre seamos conscientes de ello. Sin embargo, cuando el cambio implica una decisión importante, una pérdida o salir de lo conocido, aparece el miedo. Nos sentimos vulnerables, surgen dudas, pensamientos anticipatorios, incluso escenarios catastróficos. Y junto al miedo, muchas veces aparece la frustración. Esa sensación incómoda que surge cuando las cosas no salen como esperábamos, cuando el proceso es más lento de lo que quisiéramos o cuando sentimos que retrocedemos en lugar de avanzar. La frustración puede hacernos dudar de nuestras decisiones, de nuestras capacidades e incluso del camino que e...